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Subtitulado profesional: cómo lograr subtítulos de calidad

Subtitulado profesional: cómo lograr subtítulos de calidad

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Picture by Cash Macanay on Unsplash

Subtitulado profesional: cómo lograr subtitulados de vídeos de calidad . Cuando llevamos a cabo una producción audiovisual, comunicar es la clave. Queremos que nuestro mensaje llegue a todo el que reproduzca el vídeo. La ventaja del formato es que lo puede reproducir cualquier persona que acceda a él desde cualquier parte del mundo, gracias a Internet. Y si se puede ver en varios idiomas, nuestro público potencial se amplía exponencialmente. Aquí entran las dos opciones para localizar el sonido del vídeo en el idioma de cada país al que aspiremos llegar: locución y subtitulado.

Aquí nos vamos a centrar en la segunda de las opciones. Para muchos es la menos atractiva (pues obliga a escuchar una voz que no se entiende a la vez que se lee un texto simultáneamente, con lo que se puede prestar menos atención a las imágenes). Pero el subtitulado tiene algunas ventajas que no tiene la locución: permite escuchar la voz y la mezcla de sonido original, puede resultar útil para recordar lo que se dice si tienes buena memoria visual o verbal, y es una opción más económica que generar bandas sonoras alternativas para tu vídeo, pues este se queda intacto y no es necesario contratar a más locutores y editores.

Ahora bien, es necesario que el subtitulado profesional cumpla algunos requisitos importantes. Aquí te los contamos todos.

1. Longitud de texto.

Cuando el espectador ve un vídeo subtitulado tiene que leer un texto en pantalla que aparece a la vez que se escucha en la banda sonora. El problema suele ser que el tiempo de lectura de un texto, sobre todo si es traducido, puede ser mayor que el que lleva decir ese texto en versión original (habitualmente inglés). Es decir, que con frecuencia los subtítulos, si se hacen coincidir exactamente con el original, pueden resultar demasiado largos como para que dé tiempo a leerlos.

Aunque la cantidad de texto por subtítulo puede variar, se suele aceptar que haya unos 35-40 caracteres por línea, con un máximo de dos líneas por subtítulo. Es decir, que el subtítulo más largo podría tener entre 70 y 80 caracteres en total.

Si la línea original (o su traducción literal) excede un tamaño asumible, se hace necesario adaptar el texto, abreviando lo más posible su redacción sin dañar el significado fundamental.

2. Saltos de línea.

Cuando una línea excede los 35-40 caracteres ya descritos, se hace necesario dividirla en dos (asumiendo que el subtítulo no tenga ya dos líneas). Para ello, existen al menos tres criterios que definen el salto de línea ideal:

Equilibrio: generalmente es deseable que las dos líneas tengan una longitud similar.

Puntuación: si existe una coma tras la que poder dividir la línea sin afectar llamativamente al equilibrio, será el lugar ideal para cortar.

Morfología: conjunciones, verbos y preposiciones suelen quedar mejor al comienzo de una línea que al final, por lo que al cortar es preferible situar el punto de corte a su izquierda, mejor que a su derecha.

3. Tiempos correctos.

Si la longitud de la línea era un factor fundamental para facilitar la lectura, muchas veces es, en relación al tiempo que esté el subtítulo en pantalla. Se suele emplear la medida siguiente: hay que respetar unos tres segundos de exposición por cada línea completa de 35 caracteres. Es cierto que existe cierta variabilidad, entre uno y seis segundos dependiendo de la longitud del subtítulo y para fomentar la concordancia con el tiempo de la imagen.

El subtítulo generalmente tiene una duración determinada por las voces originales, pero en determinados casos se pueden aprovechar los silencios por delante y/o por detrás de esas frases para extender la duración del subtítulo y garantizar que dé tiempo a leerlo. También se puede acortar el subtítulo como ya hemos comentado.

4. Fuente.

Lo más importante de la fuente de unos subtítulos es su legibilidad. Recuerda que el espectador va a tener un tiempo limitad para leer cada línea, por lo que es importante que la operación sea lo más fácil posible. En este sentido no son recomendables las serifas ni los diseños inusuales; por el contrario, es deseable que las letras sean sencillas e inmediatamente reconocibles. De ese modo, además, se evitará que los subtítulos tengan un efecto distractor sobre el espectador, que a fin de cuentas debe centrarse en el contenido del vídeo, al que los subtítulos en todo caso tienen que servir de apoyo, pero nunca sustituir.

5. Color.

El color idóneo para unos subtítulos se encuentra igualmente condicionado por la legibilidad. En los últimos años se ha popularizado el uso de letras blancas con borde negro. El que las letras tengan el borde de color distinto al cuerpo de cada letra favorece que este nunca desaparezca de nuestra vista por fundirse con un objeto que pueda aparecer en pantalla de su mismo color. Sin embargo, incluso con el contorno en un color distinto al cuerpo, existen situaciones en las que los subtítulos pueden no ser fácilmente legibles. Por ejemplo, si en un vídeo tenemos objetos en pantalla cuyo cuerpo y contornos coinciden con los de nuestras letras, se puede formar un galimatías visual que sea difícil de desentrañar para el espectador. Para este tipo de casos extremos se puede modificar el color del cuerpo de la letra o incluso (aunque no lo recomendamos) colocar entorno a los subtítulos un rectángulo de color negro que establezca un fondo plano propio de los subtítulos en el que estos tengan su legibilidad garantizada.

¿Necesitas servicios de subtitulado profesional para tus vídeos? Podemos ayudarte.

También puedes enviarnos un email a: info@danivoiceovers.com

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